Ella nunca supo escribir un final

Cuando salio de la bañera el vaho lo cubría todo. Se acerco al espejo y lo limpio con la mano, le gustaba mirarse en el espejo mojado. Se pinto los labios y deshizo la toalla que envolvía su cuerpo para enroscar en ella su melena roja antes de salir del baño.
El frío de la noche acentuaba su soledad, cada rincón vacío de la casa le recordaba que tenía frío. Quizás otra copa de Whisky la haría sentir más cómoda, aunque antes se pondría unas medias nuevas de nylon. Si algo tenia de bueno ser la chica del mayor contrabandista de la ciudad era que tenia tantas medias de nylon como quería.
Se puso las medias lentamente, deleitándose en el placer de su tacto y se subió a unos hermosos zapatos que le había regalado Charlie. Pensó que lo echaba de menos, aunque cuando estaba con el deseaba que se marchara. Se puso el largo collar de perlas, las acaricio. ¡Dios como le gustaban las perlas!
Fue al comedor a por más Whiski, su copa estaba vacía. No le gustaba estar sola, y el alcohol era su calido compañero. No había dejado de llover y en aquel momento la lluvia salpicaba los cristales violentamente. Se acerco a la ventana, apenas podía distinguir nada en la oscuridad, cuando un punto rojo le hizo entreabrir los ojos y fijar la mirada en aquel punto rojo en el interior de un Cadilac. Sí, otra vez estaban allí, la pasma. Aun no se habían dado por vencidos.
Quiso darles un regalo de navidad y antes de irse se puso de perfil, se entretuvo más de lo necesario jugando con su collar de perlas, quería asegurarse de que la podían ver desnuda. Luego, se fue a la cocina a por hielo.
Estaba picando el hielo cuando el detective Butler entro en la cocina.
—Llevas tres días apostado bajo mi ventana, ¿aun no te has cansado? — Le hablo sin apartar la mirada del hielo.
—Gina, ¿desde cuando te acuestas con traficantes? Le pregunto el Inspector sin acabar de entrar en la cocina.
El pitillo que asomaba entre sus labios estaba mojado y su aspecto bajo la luz de la cocina era deplorable, parecía que llevaba días sin pisar su casa.
— ¿Y con quien crees que me debería acostar? — aparto el hielo y se subió al mármol frió. — ¿Quizás contigo? — Empezó a jugar con su collar de perlas.
—Vamos Gina, ¿donde esta Charlie? ¿Tu tienes que saberlo?— dijo Roger, que en ese momento ya estaba delante de ella.
—Como has podido ver no oculto nada. — Ahora lo miraba a los ojos dejando de juguetear con el collar que reboto entre sus pechos hasta quedarse quieto entre ellos.
Hacia mucho que Roger le apetecía volver a oler aquellos cabellos rojos.
— ¡Gina, tarde o temprano tendrás que hablar! — hablaba y hacia lo posible por mantener la mirada alejada de ese collar, que ahora reposaba en una zona del cuerpo de Gina que le parecía perfecta.
— ¿Crees que el me lo cuenta todo? ¿Crees que debería decirle que estas en su cocina interrogando a su chica, desnuda?
Roger puso sus manos detrás sus rodillas que ahora colgaban y las estiro para si, acercando la chica hasta tener su rostro cerca del suyo y le dijo:
— ¿Cielo, técnicamente no estas desnuda?— señalando con la mirada los zapatos rojos que ahora ella balanceaba.
— ¡Vamos Gina no juegues conmigo!— dijo mientras pensaba que le hubiese gustado estar más borracho, pero sabia muy bien lo que estaba haciendo. Y empezaba a arrepentirse del estupido impuso que le había echo subir al piso del traficante más poderoso de la ciudad. Ya la había cagado bastante en el departamento, estaba en la cuerda floja.
— ¿Tengo que resistirme a la autoridad, Inspector Butler? — en ese momento deseaba que Roger la besara.
El Inspector Butler le junto las piernas y le dijo:
— ¡Gina ve a vestirte, te espero en el salón!
La chica se deslizo del mármol sin decir palabra. Rozo sutilmente su cuerpo con el del Inspector y desapareció.

Se había vestido un camisón de color carne cuando entró en el salón. El Inspector la esperaba sirviendo dos vasos de bourbon, la ley seca hacia que este tipo de bebida fuera la debilidad de Roger.
Le acerco un vaso y empezó a encender dos pitillos.
— ¡Habría sido mejor que te echaran del cuerpo, en lugar de ponerte en la calle para hacer el trabajo de un niñato!— le espeto ella con una rabia fingida.
Eso fue un golpe bajo. La muy zorra sabía donde había que golpear. Roger le agarro la muñeca, haciendo saltar el vaso por los aires y empezó a retorcérsela.
— ¡Maldita sea Roger, eres como todos los demás!— grito al tiempo que se dejaba caer al suelo.
La levanto del suelo cogiendola por el cuello, y cuando la tuvo a su altura la beso con rabia. Ella se zafo tan rápidamente como pudo, tenia el sabor del tabaco negro en la garganta.
— ¿Sabes que si Charlie se entera de esto estas muerto?— dijo mientras con una mano se cogia la muñeca que le había retorcido, le dolía.
— ¿También le dirás que me atendías en camisón? ¿Sin ropa interior? — la agarro por cabello y la volvió a besar, una y otra vez, hasta que termino por alzarla y llevarla a la cama.
Hicieron el amor varias veces antes de que amaneciera. Entonces Roger se fue a su casa.
El nunca había leído relatos de amor, tampoco podía imaginar como acababan.

¿Fin? Di algo Beckket
mia© 18-10-2010

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2 comentaris »

  1. beckett Said:

    Ho he passat molt bé llegint aquest torrit relat d´aquest detectiu marcat per la vida i aquesta dona jove i curtida en mil relacions. és un relat que s´ha de llegir en blanc i negre perque és el color perfecte per una història on el destí junta a dos personatges marcats per la vida i on el sexe i el erotisme son la sortida perfecte per oblidar que la vida avegades no te cap sentit.
    ¿Fi? espero que no Maria

  2. mia Said:

    Próxima parada: BAR…


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